lunes, 23 de agosto de 2010

CONVERSIÓN

Pero lo que entonces consideraba una ganancia,
ahora lo considero pérdida por amor a Cristo (Flp 3,7)

Soy llevado, soy traído,
obedezco un ciego impulso.
Como un títere me veo
con quien alguien se divierte.

Una máscara me puse
y escondí todos mis miedos.
Aprendí a ser como todos,
a vivir de la apariencia.

Pero en lo hondo de mi alma
yo gemía entre cadenas,
y mi espíritu penaba
sin hallar consuelo alguno.

Como ahora a ti te tengo
veo que nada me hace falta.
Lo que me era tan querido
ante ti llegó a ser nada.

Desataste mis cadenas
y mis miedos espantaste.
Ni una deuda me dejaste,
Tú por mí pagaste todo.

En la lucha me venciste,
mi soberbia hiciste llanto,
cuando al fin caí en la cuenta
que por mí tu vida diste.

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