Mi alma está sedienta de ti, como tierra reseca,
agostada, sin agua (Sal 62,2)
En el desierto de mi azarosa vida
por fin vine a dar contigo, Oasis,
descanso a mis desvaríos,
los que agotaron mi savia
hasta no ser árbol marchito
que cede sus hojas secas
al soplido del viento.
Tu torrente de agua viva
repone mis muy desgastadas fuerzas,
por ir tras los espejismos
que deslumbraron mis pensamientos.
Tus manantiales refrescan la aridez de mi alma
y sanas las grietas de mi corazón,
por donde, a causa de tantos desengaños,
En el desierto de mi azarosa vidapor fin vine a dar contigo, Oasis,
descanso a mis desvaríos,
los que agotaron mi savia
hasta no ser árbol marchito
que cede sus hojas secas
al soplido del viento.
Tu torrente de agua viva
repone mis muy desgastadas fuerzas,
por ir tras los espejismos
que deslumbraron mis pensamientos.
Tus manantiales refrescan la aridez de mi alma
y sanas las grietas de mi corazón,
por donde, a causa de tantos desengaños,
supuraba el hálito divino
cual humo que lentamente agoniza.
De primavera hoy viste mi cara
que endureció el invierno frío
por querer ganarlo todo
sin necesidad de nadie.
Señor mío y Dios mío,
Oasis de mi desierto.
Ahora entiendo que,
tras la fatiga de cada jornada,
tus huellas fueron en la arena hundidas,
cuando, en la soledad inmensa,
en tus brazos, paso a paso me sostenías.
cual humo que lentamente agoniza.
De primavera hoy viste mi cara
que endureció el invierno frío
por querer ganarlo todo
sin necesidad de nadie.
Señor mío y Dios mío,
Oasis de mi desierto.
Ahora entiendo que,
tras la fatiga de cada jornada,
tus huellas fueron en la arena hundidas,
cuando, en la soledad inmensa,
en tus brazos, paso a paso me sostenías.
1 comentario:
Hola Fer:
Me da gusto continuar leyendo tu poesia. Dices una gran verdad. En el duro paso por el desierto es solo un poco de agua lo que necesitamos de un oasis para toda nuestra sed.
Magnolia
Publicar un comentario