porque mi fuerza y mi alegría es el Señor (Is 12,2)
El momento ha llegado

de seguirte para siempre,
para no poner excusas
aunque vayas donde vayas.
Yo quisiera la certeza
de ser fiel a tu llamado,
y sonriendo me respondes
“tú tan solo ten confianza”.
En el paso decisivo
tu oración se hizo angustia,
y por dar la vida al Padre
tu sudor se hizo sangre.
Ahora tú me pides
dar el paso decisivo,
y aunque siento incertidumbre,
mi certeza es la confianza.
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