María, por su parte, conservaba todos estos recuerdos
y los meditaba en su corazón (Lc 2,19)
En tus labios la oracióneco se hizo de los pobres
que con llantos imploraban
la presencia del Señor.
En silencio meditabas
los clamores de tu gente,
y por eso concebiste
una gran liberación.
A tu Hijo nos formaste
para darnos vida nueva.
Él dejaba en cada hombre
una huella de tu amor.
En el máximo suplicio
fuiste fiel hija del Padre.
Tus dolores fueron parto
de una nueva humanidad.
A tu gente nunca olvidas,
eres una de nosotros,
porque eres de tu pueblo,
porque eres nuestra madre.
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