viernes, 4 de diciembre de 2009

TU MANO ME PERSIGUE

¿A dónde podré ir lejos de tu espíritu,
a dónde escaparé de tu presencia? (Sal 139,7)

¿Por qué no me dejas en paz?
Todo el día me persigues.
Tú bien sabes que merezco
ser dejado a mis caprichos.

Ni bien me he corregido
me retiro a mi escondite
para darme rienda suelta
y acabarme desbocado.

No podré de ti esconderme,
me sorprendes en el acto.
Te veo en todas partes
y tu mano me persigue.

He partido de la Casa
donde todo lo tenía,
y tus ojos envejecen
añorando mi regreso.

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